["No pesa el corazón de los veloces" - Errer que Erre] Cuando subí al colectivo y pensé en aquella moneda que parecía brillar mucho mas que las demás, no sospeche que fuera a ser falsa, uno no puede andar diciendo que las cosas sean falsas solo por ser diferentes, supongo. Como siempre, salí tarde de casa, para una cita de unas horas, con quien vaya a saber quien es, pero que me escucha y me hace sentir acompañado. Entonces se que no es alguien cualquiera, sino alguien especial, solo que cuesta admitirlo. Es difícil sentirse acompañado en estas épocas, en este mundo tan individual, tan vertiente 2 diría mi profesora de Historia. Mucho mas difícil es encontrar una persona cualquiera, de un lugar cualquiera, con una vida cualquiera que venga a ser "especial" en tu vida.
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Ya en viaje me preguntaba por que el tiempo pasaba tan rápido, y yo había tardado tanto en salir de casa, aun así no me perdí nada del viaje pese a la ansiedad.
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Justo en el instante que una señora con una remera amarilla, mas amarilla que el sol cruzaba la calle de sur a norte, miraba que contrariamente que por la vereda opuesta, otra señora, con un verde hierba, tan intenso como aquel amarillo, cruzaba de norte a sur. Y me sentí sorprendido, no se por que. Todo mientras el señor farmaceutico, con su chaqueta blanca miraba una nenita bastante traviesa subirse y bajarse de la balanza, lo cual me hizo recordar a un cartel que vi en otra farmacia que decía "Sr/a cuide a su hijo, que la balanza no es juguete". El pobre farmaceutico, atendía a la mama pero estaba mas compenetrado en mirar a la nena con su cara de "Sr/a cuide a su hijo, que la balanza no es juguete", mientras la nena seguía sonriendo. Al momento la señora reacciono, subiéndola una vez mas (para conformarla y disimular) y la bajo, subió ella con su remera rosa y su cara de verguenza, miro el pesaje, se saco los lentes de sol, miro el pesaje, se saco la cartera y se la dio a su hija, miro el pesaje y se saco la billetera del bolsillo. Pareciera ser que esta señora no estaba dispuesta a aceptar dicho numero, y adjudicaba 5 kilos a cada elemento que llevaba encima.
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El colectivo arranco, y me percate de que solo habían pasado uno o dos minutos desde que había parado por el rojo del semáforo. Luego unas diez cuadras eternas de calor y ansiedad, miro a la gente que sube, me siento mirado mientras me vuelvo a quejar del calor y a pensar que estoy llegando tarde. Saco el teléfono y respiro hondo, aun es temprano, ¿que haríamos hoy? quizá parque, quizá playa, quizá cine, quizá full, quizá nada, como siempre, pero no son nadas comunes, son nadas como especiales. Como con todo el mundo que recién conozco, y no también, nos invito a una caminata, hablar caminando distiende, nos libera, nos "abre al otro". De por si no me gustan las situaciones que impliquen mesas, personas sentadas enfrentadas y la seriedad de un lugar cerrado, aun así sea un circo y allá elefantes volando alrededor y flamencos turquezas, para mi va a ser serio. Por eso prefiero el cielo, caminar, hablar, ver los edificios, la gente, los olores públicos (los agradables), prefiero el gesto libre, natural, el gesto que va ahí al ritmo de la caminata. Eso si es informal. ¿Podremos conocer a la gente por sus gestos, miradas y movimientos? ¿Sera posible fingir? ¿Notare cuan especial sos?
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Me paro para bajar, camino por el pasillo y un nenito llama mi atención, me sonríe, sorio y bajo. ¿Alguien se da cuenta de que hay personas que solo vemos una vez en la vida? Y es por el nenito, pero mas allá de eso, es tan lindo que te regalen una sonrisa, que te la roben... y seguí caminando, cruzo la calle con el sol de frente y brillando por mi remera violeta que cada vez siento mas violeta y no me gusta esa sensación. Ansiedad, cambie el rumbo, no me vas a ver y va a ser sorpresa. Pero no te veo, me asusto y solo para encontrarte esperándome. Me paro a tu lado para asustarte, y fueron 23 segundos, solo 23, que bastaron para sentir tu perfume y una sensación de frió que recorría mi espalda hacia arriba, que hizo que se me enfriara la nuca y las orejas (que gracioso), sensación que en mi cerebro se tradujo en querer agarrarte fuerte y quebrarte de un abrazo, pero me contuve. Solo me pare erizado al lado tuyo y deje que mi brazo rozara el tuyo...
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Al segundo 23 te diste vuelta con cara de sorpresa, y solo sonreí...
Y vos solo dijiste -Hola!- con cara de susto...
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¿Habrás notado que te siento especial?
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Cambio y fuera.