Entonces ya reposado en la cama, fue que aprisiono mi cuello, lo hizo víctima de besos y excesos, a partir de ese momento me hice adicto a ellos. En una reacción sorpresiva me aleje, quizá por dentro me parecía que esa cama era diferente a la mía, lo cual era bastante obvio, pero otras sensaciones corrían dentro mío. Intente asumir el control, por el que nunca había luchado, ya que yo solo seguí sus movimientos todo el tiempo. Su piel estaba tostada, ya de por si era mas oscura, lo que hacia que el contraste sea magnifico. (Frente a la cama había un espejo extremadamente grande, por años pasamos horas mirándonos en el. Mi vanidad estaba reflejada en el, mi soberbia y egoísmo, pero también estábamos reflejados nosotros, así diferentes y perfectos, la medida justa).
.
Yo seguía sentado, hasta que advertí que era hora de empezar un nuevo juego. Le dije que se recostara, que se quedara inmóvil, y accedió. Me gustaba pasar la yema de los dedos por su cuerpo perfecto, oscuro y modelado. Le saque su ropa interior y se quedo inmóvil sosteniendo la sabana con algo de vergüenza mezclada con picardía. Luego se acostó boca abajo, y yo seguía con las manos recorriendo cada espacio, su piel erizada me daba ternura y encendía cosas que aun no puedo explicar. Su cuerpo estaba firme, era joven, estaba teñido de pequeños puntos que hacían que se encienda al solo apoyar mis labios hirviendo. Intente lamer su cuello lo cual resulto en risas de ambos, solo para volver a intentarlo y lograr un suspiro y que mordiera sus labios. Así jugamos por años, por noches, siestas y mañanas, jugamos ebrios, jugamos solos, jugamos riendo, jugamos desnudos, hasta que un día se canso de mis juegos.
.
Me encantaba escuchar su respiración. Su piel era perfecta, sus alergias y momentos en los que se erizaba. Moría de ganas de que su cuerpo sea mío cada noche, de jugar al silencio cuando estábamos juntos, de resolver disputas entre sabanas.
.
Su piel sigue siendo perfecta, lo mismo su alergia, aunque ya no se eriza conmigo. Muero de ganas por que su cuerpo sea mío alguna noche de estas, de jugar a estar en silencio, y ya no resolver disputas entre sabanas, sino originarlas en ellas.
.
Yo seguía sentado, hasta que advertí que era hora de empezar un nuevo juego. Le dije que se recostara, que se quedara inmóvil, y accedió. Me gustaba pasar la yema de los dedos por su cuerpo perfecto, oscuro y modelado. Le saque su ropa interior y se quedo inmóvil sosteniendo la sabana con algo de vergüenza mezclada con picardía. Luego se acostó boca abajo, y yo seguía con las manos recorriendo cada espacio, su piel erizada me daba ternura y encendía cosas que aun no puedo explicar. Su cuerpo estaba firme, era joven, estaba teñido de pequeños puntos que hacían que se encienda al solo apoyar mis labios hirviendo. Intente lamer su cuello lo cual resulto en risas de ambos, solo para volver a intentarlo y lograr un suspiro y que mordiera sus labios. Así jugamos por años, por noches, siestas y mañanas, jugamos ebrios, jugamos solos, jugamos riendo, jugamos desnudos, hasta que un día se canso de mis juegos.
.
Me encantaba escuchar su respiración. Su piel era perfecta, sus alergias y momentos en los que se erizaba. Moría de ganas de que su cuerpo sea mío cada noche, de jugar al silencio cuando estábamos juntos, de resolver disputas entre sabanas.
.
Su piel sigue siendo perfecta, lo mismo su alergia, aunque ya no se eriza conmigo. Muero de ganas por que su cuerpo sea mío alguna noche de estas, de jugar a estar en silencio, y ya no resolver disputas entre sabanas, sino originarlas en ellas.

